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La falsa promesa de los relojes conectados

Dice IDC que el tercer trimestre del año pasado se vendieron en el mundo más de 360 millones de teléfonos inteligentes. En cambio, durante el mismo periodo, el último del que la consultora ofrece datos comparables, sólo se despacharon 23 millones de wearables , dispositivos electrónicos para llevar puestos, una categoría que además de los relojes conectados incluye los brazaletes registradores de actividad física , que son más de dos tercios del total de unidades vendidas. Si nos centramos estrictamente en los relojes, Strategy Analytics cifra en 8,2 millones las ventas del cuarto trimestre de 2016 y en 21,1 millones las de todo el año.

Se mire como se mire, el mercado de la tecnología vestible o portable se ha quedado muy por debajo de las previsiones de los fabricantes de electrónica de consumo, que confiaban en ocupar con sus productos las muñecas de una gran parte de los consumidores que ya llevamos en el bolsillo uno de sus teléfonos. Las expectativas no se están cumpliendo, hasta el punto de que alguna otra consultora ha empezado a incluir en la categoría dispositivos como las cámaras deportivas y los visores de realidad virtual, aunque sólo sea para disfrazar su optimismo anterior. Y eso que los datos de ventas del año pasado incluyen incluso los auriculares inalámbricos IconX y los brazaletes deportivos Gear Fit 2, que Samsung regaló a muchos compradores iniciales del taulèfon Galaxy Note 7 y no reclamó cuando recuperó los aparatos por el riesgo de incendio de la batería.

¿Cómo es que los consumidores no hemos adoptado masivamente los relojes conectados? Incluso se sabe que un porcentaje sustancial de quienes compraron han acabado dejándolo en el cajón. Las supuestas ventajas no compensan los inconvenientes prácticos. Para empezar, la batería: no es sólo que cueste pasar de los dos o tres días de autonomía, sino que para conseguirla los relojes deben ser más bien voluminosos, más atractivos para los compradores potenciales de cronógrafos deportivos convencionales que para los partidarios de relojes más discretos. También hay contrasentidos como que poner a cargar el reloj por la noche si quieres llevarlo puesto mientras duermes para poder analizar tu patrón de sueño, sabiendo que si no lo llevas puesto te podrá avisar a su debido tiempo óptima de ir a la cama para conseguir el objetivo de horas de descanso que te hayas fijado.

También acaba siendo una molestia la vinculación obligada con el teléfono para disponer de información actualizada en la pantalla de la muñeca. Los pocos modelos que admiten una tarjeta SIM ofrecen más independencia, sobre todo si es del tipo ésimo -que incrustada en el interior-, pero no todo el mundo está dispuesto a contratar dos tarjetas mientras las operadoras no propongan modalidades más flexibles de facturación. Con los relojes con conectividad móvil incorporada y con algunos de los conectados al teléfono por Bluetooth se pueden hacer y atender llamadas al estilo Dick Tracy, pero hacerlo en público resulta indiscreto si no llevas también unos auriculares inalámbricos enlazados con el reloj. Claro que puedes aprovecharlos para escuchar música, y por eso hay relojes con memoria para guardar canciones. Pero son otra batería que tienes que pensar en cargar.

Y por si no basta con las limitaciones del hardware, están las incompatibilidades de software. Todo va bien si te conformes con la aplicación propia del reloj y los datos que te proporciona. Pero si quieres establecer correlaciones con las de otros dispositivos, debes mantener fiel a los productos de la marca o los de las que tengan acuerdos. Si eres más que ir picando de aquí y de allí, necesitarás mucha suerte. Es la gran limitación oculta de este tipo de plataformas de salud y forma física. Por ejemplo: hasta hace unos días, el esfigmomanómetro Ivy Health de muñeca que uso para tomarme la presión sólo acumulaba los datos en su propia aplicación móvil; ahora la versión para iPhone también las puede traspasar a la plataforma Health de Apple, y la de Android puede hacerlo en el S Health de Samsung, pero no en Google Fit de Android, que es justamente donde recojo los datos diarios de pasos caminatas que cuenta mi reloj Pebble. S Health, en cambio, monitoriza de forma continuada mi ritmo cardíaco con el pulsómetro del reloj Samsung Gear 3, al igual que hace Apple Health con el del reloj Apple Watch. El caso extremo es el de Fitbit: su báscula de baño Aria es tan inteligente que sabe identificar si la persona que ha subido soy yo o alguna de las personas que conviven conmigo, pero en cambio es incapaz de comunicar mi peso a ninguna de las tres plataformas de salud citadas (Apple, Google y Samsung) y me obliga a utilizar su propia aplicación, que sólo recoge datos de actividad de los relojes y pulseras de la misma marca. Por lo tanto, si quiero analizar cómo influyen mi actividad física de día y mis horas de sueño sobre mi peso o mi ritmo cardíaco,

Y no es que los relojes conectados no tengan casos de uso interesantes: con la aplicación de TMB puedes saber cuánto tardará en llegar el autobús que esperas; los clientes del Santander pueden pagar con Apple Pay en las tiendas sólo acercando el Watch al datáfono. Y los runnerspueden dejar el móvil en casa cuando salen a correr para que el GPS incorporado en el reloj registrará la ruta para analizarla y compararla cuando vuelvan. Pero ni siquiera los productos centrados en el seguimiento de actividad física parecen tener un futuro brillante: hace años que Nike aparcó FuelBand; Jawbone busca financiación para reorientarse hacia las aplicaciones clínicas profesionales, y los resultados trimestrales más recientes de Fitbit indican que las compras de empresas rivales como Pebble y Vector son más bien huidas adelante para reactivar un negocio que no crece: la empresa acaba de anunciar que despedirá un 6% de la plantilla.

En este panorama Google ha presentado esta semana la nueva versión 2 de su sistema Android Wear para relojes conectados. Añade funciones como el asistente de voz Google Assistant, la instalación de aplicaciones directamente desde el reloj y la posibilidad de pagar en las tiendas (con Android Pay), que ya tenían los modelos de Apple y Samsung. Pero es muy significativo que el gigante de internet sólo haya conseguido reclutar la coreana LG para el lanzamiento inicial de Android Wear 2. Rivales como Motorola y Huawei, que habían apostado fuerte por la versión anterior, parece que han preferido esperar a ver como.

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